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El vice en jefe
Desde Cuba por Juan González Febles
LA HABANA, Cuba - Lunes 5 de Junio de 2006 (CUBANET) -
No caben dudas de que el general de ejército Raúl Castro Ruz ha ganado en las lides adecuadas la condición de segundo en jefe en la cadena de mando del gobierno de Fidel Castro. Su posición, que nunca fue débil, se fortaleció a partir de las purgas de 1989. Este fue el punto de viraje desde una discutible revolución, hasta una dictadura personal militar.
Aquí es donde sería conveniente detenerse en el análisis de esta interesante personalidad. Raúl y Fidel Castro se complementan de forma muy armónica. Al igual que en la maravillosa antinomia bíblica representada por Caín y Abel, los hermanos se complementan. Uno representa el ente sin afectos, el otro, un rostro más humano con el que puede establecerse una precaria empatía.
El vice en jefe representa el rostro humano del poder castrista. Si no lo consigue por virtudes, en el sentido teologal del término, se humaniza a partir de los defectos. No es que la primera figura carezca de ellos, sólo que le faltan las debilidades que le harían humano. El vice, por su parte consigue la necesaria identificación a partir de que ama los gallos, el licor y es compatible a una identidad común entre pecadores. Es humano porque puede pecar, en el mismo sentido teologal del término.
Las fábulas políticas en la Isla siguen un patrón que apunta a la justificación en términos no de lo que es correcto, sino en un avizorar lo que supuestamente sería peor. Siguiendo este razonamiento, no tendría sentido luchar por la libertad. ¿Para qué hacerlo? Fidel Castro es malo y esto es inevitable, Raúl puede ser mejor y la democracia es desconocida y no ha mostrado credenciales creíbles en Cuba. Así razonan los castristas.
El punto discutible es si el vice en jefe es mejor. Si esto fuera así, la pregunta sería: ¿Mejor para quien? Me parece que no sería mejor para los presos políticos, en celdas de castigo de cárceles dantescas y medievales.
Tampoco para los jóvenes negros, mestizos y blancos abusados por la policía y condenados a prisión por supuestos delitos de peligrosidad. Mucho menos para los casos singulares de ciudadanos abusados en sus derechos por miembros de la casta militar o política del régimen. Entonces: ¿Para quién resulta mejor el vice en jefe?
He señalado en otras ocasiones cómo la intervención oportuna del vice en jefe lanzó la toalla salvadora a los caídos en desgracia por incurrir en el enojo, justificado o no del # 1.
Ahí reside el problema, el vice en jefe restringe su humanidad al espacio selecto de sus amiguetes o de los arios en jefe, ubicados en las altas esferas.
El general de ejército nos hace un flaco servicio de esta forma. Personalmente no creo que sea mejor o peor, sólo distinto. No ha sido mejor para evitar conductas reprobables en el Ministerio del Interior, tanto en las cárceles o fuera de ellas.
Para citar un ejemplo, no hemos sabido de una crítica a las tropas guardafronteras que en fecha reciente masacraron a unos ilegales. No ha dicho si los responsables de este hecho serán juzgados por un evidente uso inadecuado de fuerza extrema.
En fín, no hay hechos que avalen un mérito en él, válido para un voto de confianza, en el momento de encabezar el gobierno de transición de una Cuba post Castro. Nunca se ha visto al vice en jefe actuar contra episodios de corrupción que involucren a miembros de la corte castrista en el disfrute pleno del favor del Máximo.
La pregunta es: ¿Bueno para quién? ¿Mejor para quién? Decididamente no lo es para el cubano de a pie. Con el general de ejército ocurre algo similar a lo que sucedió con la finada Celia Sánchez Manduley: limitó una eventual misericordia y comprensión al espacio estrecho y limitado de sus afines políticos.
Tanto en uno como en otro brilla por su ausencia el principio martiano en su fórmula de amor triunfante. Ninguno de los dos fue con todos y para el bien de todos. En el sentido teologal del término, deben el destello falso de sus luces cortesanas, a la presencia de detestables pecados, que humanizan. Jamás a virtudes que elevan y purifican.
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