NOTA DEL WEBMASTER: La tiranía castrista ha implementado una gran campaña publicitaria para que le sean enviadas cartas a los cinco espías presos. De esta manera los cubanos se ven obligados a redactar estas cartas en sus centros de trabajo y también como "tareas para la casa" en escuelas y centros educacionales a todos los niveles. Miriam Leiva, periodista independiente y esposa del economista y también periodista independiente Oscar Espinosa Chepe (condenado a 20 años de prisión en esta ola represiva desatada contra la sociedad civil) nos hace llegar una copia de la carta que ella lenvió siguiendo "las orientaciones"de la dictadura.
Carta a los cinco cubanos presos en Estados Unidos
Miriam Leiva
LA HABANA, diciembre (www.cubanet.org) - Acato gustosamente la orientación del gobierno y las organizaciones políticas y de masas, de escribir a ustedes para que compartan la vida de los cubanos. Sé que inmediatamente podrán leerla a través de Internet. Lamentablemente, no podrá aparecer en los periódicos Granma, Juventud Rebelde o Trabajadores ni en los noticieros o la Mesa de Redonda de la TV; ni por la radio de Cuba, salvo que yo sea reprimida por su causa.
A pesar de los cientos de kilómetros o millas que nos separan, como personas muy al tanto del acontecer criollo, estoy convencida de que ustedes conocen bien los nombres de los 74 hombres y una mujer sometidos a juicios sumarísimos a comienzos de abril, así como los tratos crueles y degradantes que sufren en las cárceles. Por cierto, poco ayudan a ustedes esas actuaciones del Sistema Judicial y el Régimen Penitenciario cubanos.
Si se contrastan las condiciones de que ustedes disponen con aquéllas de los prisioneros aquí, sean de conciencia, políticos o comunes, habría que reconocer que ustedes gozan de privilegios extraordinarios allá, donde "no se respetan los derechos humanos", con respecto a los miles de seres que enfrentan el calvario aquí, donde "se respetan los derechos humanos" (no lo digo yo, lo dice el gobierno de éste, nuestro país).
Yo he podido leer las cartas de ustedes. Poseo, ahora en mis manos, los libros "El Humor Todo lo Puede", de Gerardo Hernández Norderlo, y "Desde mi Altura", de Antonio Guerrero. También he tenido la oportunidad de apreciar el intercambio de correspondencia con personas de toda la Isla; ver sus fotos en los diarios cubanos por sus cumpleaños, así como los mensajes y caricaturas a los dirigentes de acá en ocasión de los de ellos. ¿Han sufrido ustedes represalias por eso?
Me sorprende el prolongado proceso de juicio y apelación, y las muchas reuniones con los abogados norteamericanos que los representan, e incluso cierta participación de un letrado cubano, hermano de uno de ustedes. Los 75 no tuvieron que desgastarse tanto. Sus juicios y apelaciones fueron expeditas, incluida la apelación al Tribunal Supremo de la Republica. ¿Creen ustedes que podríamos solicitar una revisión del proceso pronto? Como llevan tanto tiempo en esos papeleos, quizás pudieran asesorarnos.
Casualmente les comento que nosotras, las esposas y madres, no podemos viajar al exterior. Ya una de las esposas recibió la negativa de las autoridades cubanas. Afortunadamente, los familiares de ustedes pueden salir a visitarlos y a exponer sus criterios en el extranjero.
El 29 de noviembre, Oscar Espinosa Chepe cumplió 63 años. Por supuesto, no tuvo visita. Ni siquiera ha podido hablar por teléfono con su mamá, de 95 años. En prisión, nunca le han permitido retratarse con ella.
También tiene prohibido recibir o enviar correspondencia. No puede leer o ver las pocas cartas y fotos que poseía, porque se las arrebataron hace meses. No tiene lápiz o papel para escribir sus pensamientos, plasmar una poesía o dibujar una caricatura. ¿Internet? ¡Qué es eso! Además, ¿con cuál ordenador?
Como se sabe, Oscar padece cirrosis hepática y otras enfermedades, por lo que disfruta de una pequeña celda, prácticamente sin ventilación, en la Sala de la Seguridad del Estado del Hospital Militar Carlos J. Finlay, en La Habana.
Allí ha sido sometido a innumerables presiones. En una ocasión, que sepamos, le impusieron un psiquiatra, y luego lo vimos drogado. Nuestras visitas son vigiladas por oficiales de la Seguridad del Estado, quienes se sientan a nuestro lado. Esto ocurre en un hospital, a un enfermo con una dolencia prácticamente irreversible. No obstante, siempre puede compartir la aurora, pues la luz eléctrica de su celda permanece encendida las 24 horas.
Nada de eso quebranta sus convicciones ni borra sus ideas. No lo han logrado en más de ocho meses mediante cruel ensañamiento.
Como dijera José Martí: ¡Qué placer es pensar! Pues ¿pensar qué es, sino fundar?