CIEN AÑOS DE ECONOMÍA CUBANA
Por JORGE SALAZAR-CARRILLO *
El 20 de mayo 1902 la economía de la Isla estaba depauperada y era
esencialmente rural. La producción agrícola había bajado a una pequeña
fracción de la existente en 1894, aunque la primera intervención de los
Estados Unidos había iniciado una franca recuperación económica.
D. Tomás Estrada Palma decidió, como primer presidente, organizar la economía
siguiendo un estilo conservador. Los códigos y métodos seguidos en la época
colonial, que tendían a ser inflexibles, se continuaron utilizando. Por otro
lado, las relaciones internacionales se inclinaron hacia Estados Unidos. En 1902
se firma el Tratado de Reciprocidad comercial con ese país. En adición,
Estrada Palma obtiene un empréstito de los Estados Unidos por $35 millones,
cifra relativamente grande, que expresa confianza en la nación.
La economía cubana prontamente se abocó a una intensa explotación azucarera
para satisfacer un creciente mercado de exportación. La desolada economía
rural continuaba reponiéndose a través de la construcción de caminos y
carreteras, financiada principalmente por el alza del azúcar. La segunda
intervención de Estados Unidos de 1906, elaboró varias leyes fundamentales
como la del Servicio Civil, construyó 800 kilómetros de carreteras y 200
puentes, y amplió la sanidad. La principal fuente recaudatoria del gobierno
continuó siendo los recaudos de aduana.
En 1909, toma posesión el segundo presidente, José Miguel Gómez.
Con la tesorería en quiebra, se concertó un préstamo para pagar un déficit
de cerca de $9 millones. Durante este gobierno se realizaron innovaciones en los
ingenios de azúcar, que apoyaron su continuada expansión. La economía tenía
un claro weltanschauung neo-clásico, con firme creencia en la especialización
internacional y la libre empresa.
Finalmente, las exportaciones de Cuba aumentaron de $64 millones en 1902, hasta
$151 millones en 1910; la población de 1.6 millones de personas en 1900, a 2.2
millones en 1910; y la producción de azúcar de 300,000 toneladas largas españolas
(t.l.e.) en 1900, hasta 1.843,000 en 1910. Cuba, con gran rapidez, se había
mucho más que recuperado económicamente de la última guerra.
El general Mario García Menocal, nuestro tercer presidente, subió al poder en
1913. Mientras contrataba un empréstito internacional por $10 millones, se emitía
moneda cubana por primera vez en 1914, rigiéndose por el patrón oro. Sin
embargo no se dispuso la emisión de billetes. Menocal fue reelecto y realizó
el censo de 1919 que arrojó 2,889,004 personas, un aumento de más del 80 por
ciento en menos de 20 años. Este crecimiento fue uno de los más rápidos del
mundo en esos años, equivalente al 3.2 por cierto anual acumulativo. Las
exportaciones fueron de $575 millones, casi cuatro veces las de 1910. La
producción de azúcar llega a los cuatro millones de toneladas, más que
doblando la producción en menos de diez años.
La primera guerra mundial trajo aparejados, estratosféricos precios del azúcar
durante la posguerra, y la Danza de los Millones en Cuba. Con el costo de
producción promedio a tres centavos la libra, el azúcar llegó a venderse a más
de 22 centavos, y las exportaciones del dulce casi llegaron a mil millones de dólares
en 1920. A precios actuales estas cifras serían más de nueve veces las señaladas,
haciendo de la Isla tal vez el país más rico del mundo per capita en ese año.
La burbuja explotó a finales de ese propio año cuando la superproducción de
Cuba, entonces el mayor exportador y productor de azúcar del mundo, no
encontraba compradores a alrededor de cuatro centavos la libra. Los colonos y
hacendados cubanos perdieron sus propiedades al no poder pagar los préstamos
concertados durante el boom. Igual tragedia ocurrió con la banca cubana, que
carente de capital para enfrentar sus pérdidas por las múltiples quiebras de
empresas nacionales, y sufriendo una grave crisis de liquidez, tuvo con pocas
excepciones que terminar sus operaciones. Los beneficiarios de esta debacle
fueron las empresas azucareras foráneas, especialmente las instituciones
americanas, que terminaron controlando una buena parte de la industria y la
agricultura del azúcar en la nación. Aún más extrema fue la desaparición de
los bancos cubanos, que prácticamente quedaron reducidos a una minúscula
expresión, mientras las instituciones estadounidenses pasaron a controlar el
grueso de los depósitos y activos bancarios, que antes, en alrededor del 70 por
ciento, estaban en manos cubanas.
En 1921, comenzó el período del presidente Alfredo Zayas, y el proceso de
recuperación de la economía cubana, con la consolidación de la deuda del país.
El gasto público disminuye y los ingresos fiscales aumentan a través de gravámenes
a las clases adineradas. La diversificación agrícola se sustentó en la Ley de
Refacción, que facilitó el financiamiento de la producción.
En 1925, inaugura el general Gerardo Machado su gobierno. La situación del
mercado azucarero se caracterizaba por la sobreproducción. La zafra cubana,
algo más del 20 por ciento del total mundial, se expandió hasta 5,189,347
t.l.e. en ese año (equivalentes a 5.345,028 a las medidas actuales). Después
de 1927, no se construyen nuevos centrales azucareros en Cuba, y comienza a
disminuir la producción. La crisis de la primera industria del país trae
aparejada una contracción económica y un grave aumento del desempleo, en el
que todavía era uno de los países más ricos del mundo.
Para compensar se llevaron a cabo una serie de construcciones públicas
financiadas por préstamos internacionales, siendo la carretera central el eje
de estos proyectos en cuanto a sus impactos económicos. También se establece
el arancel del año 1927, dirigido a fomentar la industria nacional. El segundo
período de Machado comienza en 1929. Se empiezan a sentir los vientos de fronda
de la Gran Depresión con la caída de la bolsa de Nueva York en octubre de ese
año. El desenlace de este proceso en la Isla fue el creciente debilitamiento
del erario público en los años venideros, aunque la carretera central se logra
terminar en 1931. La inversión extranjera se torna negativa en ese año, lo que
no había sucedido desde 1919, y la inmigración prácticamente se detiene. La
población censal de 3.962,344 en 1931 se reduce en los próximos dos años. El
país cae en picada económica hasta tocar fondo en 1932-33.
Con el convenio comercial con Estados Unidos en 1934 comienza la recuperación
económica. La etapa de ilegalidad política iniciada con el derrocamiento de
Machado parece terminar en 1936, pero este afloramiento se frustra hasta 1940.
Las exportaciones cubanas se recuperan en un 50 por ciento, junto con la
producción de azúcar. El comercio mundial, que había caído al diez por
ciento de sus valores antes de la mayor crisis económica del mundo contemporáneo,
comenzó a recuperarse con los múltiples convenios bilaterales de comercio
iniciados por los Estados Unidos. Estos estaban acicateados por la caída de su
producto interno bruto al 50 por ciento de su potencial, y un desempleo del 25
por ciento de su fuerza laboral.
La Constitución cubana de 1940 reinstauró el orden político. También
instituyó cambios económicos básicos en la sociedad. El entonces general
Fulgencio Batista fue electo ese año como presidente. Con la segunda guerra
mundial mejoraron los volúmenes exportados y el precio de las principales
cosechas cubanas de entonces (azúcar, tabaco y café) mecanizándose los
cultivos dentro de sus posibilidades. Cuba se convierte en el primer
suministrador de azúcar de los Aliados, a través de los Estados Unidos, al que
vende toda su cosecha a precios controlados.
Recibe en cambio un empréstito del gobierno estadounidense por $25 millones
para llevar a cabo construcciones y absorber mano de obra desempleada, a la que
siguieron otro por $11 millones para financiar las zafras azucareras durante la
guerra, y varios Préstamos-Arriendo (Lend-Lease). Un político con reputación
de hombre honesto, Carlos Hevia, dirige la Oficina de Regulación de Precios y
Abastecimientos (ORPA), que estimula la creación de industrias de guerra en
Cuba, aprovechando las escaseces creadas por el Conflicto.
El doctor Ramón Grau San Martín entra al poder en 1944. En la posguerra los
precios del azúcar se disparan, representando grandes aumentos en los valores
de exportación de Cuba. Esta bonanza hizo posible un amplio plan de
construcciones públicas y de mejoras escolares. En 1948 las exportaciones son
casi dos veces y media los niveles de 1927, con la producción azucarera
superando la marca anterior de 1925.
En 1948 resulta electo Carlos Prío. Su período se caracteriza por las
creaciones del Banco Nacional de Cuba, y del Banco de Fomento Agrícola e
Industrial de Cuba (BANFAIC). Con ello se fortalece la banca nacional.
Por otro lado, las industrias nuevas en Cuba se expanden por las ventajas
logradas para su protección en las negociaciones del GATT de Annecy y Torquay,
lidereadas por la recién creada Dirección de Asuntos Económicos del
Ministerio de Estado cubano.
El trienio 1951-1953 es testigo de la mayor zafra de azúcar en la historia
(7.011,600 t.l.e. en 1951-52), las exportaciones más altas de la era
republicana ($766 millones en 1951) salvo por el año 1958, y una población de
5.829,029 registrada por el censo de 1953, un aumento de casi un 50 por ciento
en 20 años.
El 10 de marzo de 1952 Batista toma de nuevo el poder por la fuerza.
Este período tuvo logros económicos en términos de construcciones públicas.
Pero se produce una explosión de instituciones financieras para financiarlas y
conceder crédito adicional a la producción agrícola e industrial, que acaba
por comprometer las reservas internacionales de la nación. La expansión fiscal
y su acomodación monetaria consiguieron que en 1957 se pudieran superar los
niveles de ingreso nacional de 1952 (estimados por el BNC) y las exportaciones
totales. Pero su efecto multiplicador se fue deshaciendo contra el arrecife de
las importaciones.
Al rayar 1959, Cuba había experimentado un singular proceso de desarrollo desde
el abismo de la depresión en 1932-33. En 20 años su producto interno bruto había
crecido a una tasa cercana al diez por ciento anual como promedio. Aunque parte
de este aumento se tradujo en alzas de precios, si se descuenta por la pérdida
del poder adquisitivo de la moneda, podemos concluir que el ingreso nacional
cubano casi se cuadruplicó para 1958.
La plétora de indicadores socioeconómicos de aquella época sitúa a Cuba a la
cabeza de América Latina. El profesor Oshima, de la Universidad de Stanford,
realizó un estudio sobre la producción total de nuestro país en 1953,
incluyendo los niveles de precios a los que se vendía, y llegó a la conclusión
de que en términos de igual poder de compra equivalía al de los estados sureños
más pobres de los Estados Unidos. Con ello comprobaba lo que muchos indicadores
apuntaban, que la economía cubana mostraba niveles de consumo por habitante
comparables con los de Europa Occidental y Japón.
¿Cómo se pudo destruir la economía de un país tan rico y productivo?
Comenzó con la emigración de aquellos que no querían vivir bajo una tiranía
comunista. A principios de 1961 publiqué un artículo en el que estimaba que la
pérdida de capital humano le había costado a la economía cubana algo más de
20,000 millones de dólares. Después vinieron los errores en los sistemas de
producción. Al principio los técnicos de la CEPAL y el comandante Ernesto
Guevara decidieron diversificar e industrializar al país en un primer salto
hacia adelante. Pero como los empresarios se habían marchado, fracasaron
rotundamente y sólo consiguieron que la producción azucarera disminuyera a
nivel de tres o cuatro millones de toneladas. Aquí comienza la ayuda rusa
masiva, que a precios actuales ascendería a 120,000 millones de dólares hasta
el presente.
Para subir la parada, a Fidel Castro se le ocurre convertirse en la azucarera
soviética. Los comunistas acceden, y piden producciones eventuales de 13 a 14
millones de toneladas. Se acepta el sistema de planificación social física (cantidades)
del bloque comunista y se aprovecha para eliminar de paso la contabilidad y los
presupuestos estatales. Para redondear el círculo se enfatizan los incentivos
morales, y la ofensiva revolucionaria de 1968 colectiviza hasta los puestos de
café. Este nuevo salto hacia adelante, matizado con revolución cultural (piensen
en China) se produjo también desde otro precipicio. Los comunistas cubanos
quisieron ser más modestos que sus amos, y le pidieron al pueblo sólo diez
millones de toneladas en la zafra de 1969-70. A duras penas alcanzaron algo más
de siete.
Los soviéticos, desilusionados, le piden a Cuba que entre en el Consejo de
Ayuda Mutua Económica con sus socios de Europa del Este. El CAME les ayudaría
a compartir el oxígeno que había que darle a la economía cubana.
Le exigen a Castro la adopción de planes quinquenales y un sistema de
planificación más flexible y descentralizado (con incentivos materiales) que
desembocaría en los mercados campesinos y paralelos de comienzo de los ochenta.
Pero Castro no puede soportar el éxito económico de los pequeños empresarios
cubanos; los llama "macetas" y comienza una rectificación. Las
promesas de exportar a Europa Occidental, Japón y América Latina para pagar
los préstamos de ellos recibidos, se quedan en eso. Cuba reniega su deuda
externa. Este quinto cambio de política económica enfatiza la autosuficiencia
alimenticia y es otro fracaso más.
Aun quedaban dos alteraciones adicionales: la liberalización au trance cuando
el bloque soviético abandona el comunismo, y otra rectificación anunciada por
Raúl Castro en 1996, que trae la limitación del cuenta propismo y la persecución
de los que favorecen una economía de mercado. El último jalón de la jornada
deja a Cuba con un ingreso per capita de menos del cinco por ciento del que
gozaba en 1959.
* El autor es profesor y Director en el Departamento de Economía, Florida
International University e Investigador Senior No-Residente de Brookings
Institution, Washington D.C.
Fuente: NotiCuba Ed. Bs. As