Cruel
abuso psiquiátrico en las cárceles de Cuba
Por Ariel Remos
El régimen comunista de Cuba cuenta con un largo historial de abuso psiquiátrico
como método para doblegar la voluntad de los hombres que lo mismo en la calle
que en el cautiverio, ha buscado por años la libertad de su país por medios
violentos o pacíficos. Innumerables testimonios han sido recogidos tanto en
libros como en artículos periodísticos de victimas que sufrieron las
consecuencias de ese funesto y horrible método de tortura, esto es, “usando
la psiquiatría como arma y no como una ciencia para la cura o alivio de las
enfermedades de la mente”, como dice hoy a los lectores de DIARIO LAS AMÉRICA
el Dr. Alfredo Melgar y García del Busto, que tan valiosas investigaciones ha
realizado demostrando el mito de la medicina en Cuba.
Impactantes testimonios de cubanos que vivieron en carne propia los métodos
psiquiátricos como forma de represión, quedaron recogidos en el libro escrito
por Charles J. Brown y Armando M. Lago, titulado “La política psiquiatrita en
la Cuba revolucionaria”. Por su parte, el ex disidente soviético con largo
historial de luchas por los derechos humanos, Vladimir Bukovski, declaro que
Cuba había cubierto en materia de abuso psiquiátrico en solo 32 años lo que
la Unión Soviética había tardado en alcanzar en 73.
El Dr. Melgar ofrece hoy el resultado de sus investigaciones y conclusiones sobre los abusos psiquiátricos.
“Graves y espeluznantes reportes han
salido de la Isla denunciando el progresivo deterioro del estado de salud mental
de los presos políticos cubanos; provocado sin duda alguna por las condiciones
infrahumanas que viven en las cárceles de la Isla y por la desesperación
que produce el hecho de no saber el destino que corren sus familiares que han
quedado atrás”, dice Melgar.
Melgar cita como severos factores de riesgo, los siguientes:
a) crueldad extrema por parte de carceleros y presos comunes,
b) Aislamiento prolongado en celdas de castigo, sin iluminación,
ventilación ni agua.
c) Falta de asistencia medica.
d) Alimentación deficiente.
e) Poco o ningún contacto familiar.
f) Medio ambiente hostil y
g) Fuerte estrés psicológico.
Los factores anteriores, “ los conduce (tanto a los presos políticos como a los comunes) a padecer de síntomas psiquiátricos intensos como depresión severa, ansiedad, insomnio, claustrofobia, agitación, intento suicida; y en otros casos enfermedades orgánicas o físicas como forma de expresión corporal de un estado de tensión emocional sin limites, que se manifiesta como presión altos, dolor en el pecho, diabetes descompensada, ulceras en el estomago, infarto cardiaco o frecuentes crisis de asma bronquial”, agrega.
A continuación, cita Melgar como
dato importante el hecho de que ninguno de los casos de reclusos reportados (entre
20 y 25 presos políticos) tiene antecedentes de enfermedad psiquiatrita
anterior, por lo que los síntomas surgieron como consecuencia de las severas
condenas a que han sido sometidos y a un confinamiento brutal. “Sin embargo,
usando como justificación el hecho; de que estos reclusos están padeciendo de
estos síntomas mentales o físicos inducidos, el régimen cubano recurre a la
psiquiatría como forma de tortura bajo una supuesta cobertura de atención
medica”.
Medicamentos con fuertes reacciones adversas o negativas como son la
Trifluoperazina, Haloperidol, Diazepam, o métodos de tratamiento como
electroshock, se están empleando indiscriminadamente en estos hombres de ideas.
Señala Melgar que dentro de las reacciones provocadas por esos tratamientos,
están: temblores en el cuerpo similares a la enfermedad de Parkinson;
trastornos del lenguaje, pérdida de memoria; disminución de los reflejos y un
estado de somnolencia o embotamiento cerebral que puede conducir a la
insuficiencia respiratoria, coma, y la muerte.
Cita también un frecuente método de tortura psiquiatrita como es el denominado
tratamiento electroconvulsivante o comúnmente conocido como electroshock,
que es aplicado en Cuba sin as condiciones medicas requeridas y por periodos
prolongados, por lo que conlleva a muerte neuronal, y daño cerebral
irreversible. “Sin embargo, el régimen no ha tenido reparos en aplicarlo
tanto en las prisiones como en hospitales psiquiátricos”.
Sigue explicando Melgar que los
masivos fusilamientos realizados al inicio de la revolución cubana, han sido
sustituidos por un método mas refinado y de menos repercusión internacional,
como es la psiquiatría como arma de sufrimiento, “No obstante, sus secuelas
pueden ser tan demoledoras e incapacitantes como la misma muerte por
fusilamiento”.
Según el Dr. Melgar, el personal que ejecuta las ordenes de los oficiales de la
Seguridad del Estado y las fuerzas del orden interior de las prisiones, son médicos
y enfermeros, tanto militares como civiles, que directamente les aplican los
psicofármacos en vena a los reclusos, “con el grave peligro de trasmisión de
enfermedades infecciosas como el sida o la Hepatitis, al compartir material de
enfermería como jeringuillas y agujas, entre numerosos confinados, sin ningún
tipo de esterilización o higiene”.
“Prestarse como profesional para este tipo de abuso y tortura psiquiatrita va contra toda ética medica y es, además, ilegal; razón por la que estos profesionales de la salud se están exponiendo a ser encausados por la ley, el día que se produzca un cambio hacia la democracia en Cuba”, expresa Melgar, y cita el antecedente del enfermero Heriberto Medina, quien después de comparecer ante una corte por la acusación de “abuso psiquiátrico”, fue condenado a pesar de su edad avanzado. “Esto constituye una fuerte alerta para estos médicos de enfermería”.
A continuación, enumera Melgar algunos de los casos de presos políticos que están siendo afectados tanto mental como físicamente, producto del sufrimiento psicológico desmedido a que han sido expuestos, y que en notorios caso están recibiendo tratamientos con psicofármacos o electroshock, como método represivo:
1. Osvaldo Alonso. 18 años de
condena. Prisión de Guanajay.
Presidente del Partido Democrático Liberal. Presenta una fuerte depresión.
Intento de suicidio.
2. Dr. José Luis García Paneque. 24
años de condena. Prisión Provincial de Villa Clara. Presidente del
Colegio Medico de las Tunas. Director de la Agencia de Prensa Libertad. Afectado
de severa depresión y ansiedad, conduciéndolo a la desesperación, Se ha
auto agredido varias veces.
3. Dr. Juan Carlos Gonzáles Leyva. Abogado invidente. Presidente de la Fundación
Cubana de Derechos Humanos. Encarcelado en Holguín. Ha sido expuesto al fuego,
piedras y animales putrefactos. Victima de sustancias químicas. Se queja de
dolor en el pecho y falto de aire.
4. Julio Cesar Morales. Cumplirá en breve 10 años de prisión. Expuesto a
prolongadas torturas mentales y aislamientos absolutos. Desequilibrio mental
provocado por el abuso y uso indiscriminado de psicofármacos durante años.
Violado por reclusos comunes en la Prisión de Kilo 7 de Camagüey.
5. Edel José García. Periodista independiente. 16 años de condena. Prisión
de Boniato (Santiago de Cuba). Sufre de crisis de claustrofobia y ulcera
estomacal.
6. Alfredo Felipe Fuentes. Sindicalista independiente. 26 años de carcel.
Confinado en Güamajal (Villa Clara). Bajo tratamiento con psicofármacos por su
estado nervioso descompensado.
7. Dr. Oscar Elías Biscet. Presidente de la fundación Lawton de Derechos. Esta padeciendo de hipertensión arterial e insomnio prolongado, producto del tiempo que lleva en celdas tapiadas.
8. Martha Beatriz Roque Cabello. Economista. Afectada severamente de diabetes y problemas del corazón. Se ha negado a tomar medicamentos por alto riesgo de envenenamiento.
Pero –comenta Melgar—no solamente la grave situación que viven los presos políticos cubanos influye negativamente sobre sus mentes e intelecto, “sino que las consecuencias del ensañamiento por parte del régimen cubano se ha extendido a sus familiares, que también se están aquejando de descompensación psicológica, incertidumbre de lo que pueda suceder con su familiar preso o con sus hijos, lo que los ha llevado a reflejar síntomas psiquiátricos de depresión, ansiedad e insomnio. Esto se ha agudizado por las amenazas que sobre algunas esposas ha hecho la Seguridad del Estado de quitarle a sus hijos, si no cesa en el empeño de continuar con las denuncias o con la labor opositora de sus esposos”. Y cita el caso de Sirena Guerra Lugo, esposa del preso político Nelson Molinet. Después de un intento suicida provocado por una situación familiar desesperada y conocer que a su esposo le alargaron la condena, la internaron en el Hospital Psiquiátrico de la Habana, donde la han sometido a un intenso tratamiento con psicofarmacos.